Tentáculos ocultos

Amaneció y Angela salta de la cama entusiasmada, mira por la ventana  ¡hace un lindo día! ¡Gracias a Dios! Pues cuando hay lluvia todo se complica más. Hoy llega su nieta de Londres y ha estado esperando ansiosa que esta fecha llegara, habían pasado 2 años, eso hacía que no la veía. De repente suena el teléfono y al otro lado de la bocina se encuentra Yelena la señora que cuida a su tío en Cartagena, quien con voz angustiada le dice:

– Señora Angela veo a su tío mal, está tembloroso, tiene dificultad para coordinar, no tiene equilibrio, su semblante está pálido, y no se que hacer.

Angela se angustia, ella se encuentra en Medellín y su tío a quien ama como un padre se encuentra en Cartagena.

– Yelena busque quien le ayude para trasladarlo al hospital Naval, él es jubilado de la armada y allí lo reciben inmediatamente, pero antes pásemelo al teléfono.

– Hola Alberto como estás?

– Bien, yo estoy bien, desayunando.

– Sabes quien soy.

– Claro, como no voy a saberlo

– Quien soy entonces

– Yo estoy muy bien, estoy desayunando.

Angela se dio cuenta que algo más grave sucedía, tenía los síntomas de un derrame, ella los conocía perfectamente, por eso, le colgó el teléfono e inmediatamente se puso a localizar una ambulancia, pero aunque Cartagena era una Ciudad pequeña, no encontraba ninguna. Ella se desesperaba pues estas cosas cuando ocurren hay que correrles, ¡No hay derecho! Que en semejante ciudad esto ocurra y no aparezca ni una sola ambulancia, si se logra llegar al hospital durante los primeros 60 minutos, es posible prevenir la invalidez y hasta la muerte. Ya una vez le pasó con su madre, no alcanzó a llegar al hospital y murió mientras la trasladaban, por eso sentía una angustia terrible en su pecho, era como si estuviera reviviendo una vez más aquel fatídico día en que su mamá le comenzó el infarto y como loca buscaba un taxi para llevarla, y cuando por fin este apareció y habían recorrido tan solo una cuadra, sintió como la muerte se la arrebató de un solo tirón. Angela no ha podido olvidarlo, todavía recuerda ese desprendimiento, donde comprendió que su madre había muerto y por más que llegaran ya nada habría para hacer pues ¡había fallecido!.

Decidida Llamó a un amigo suyo que vivía cerca de su tío para que fuera hasta donde él estaba, lo recogiera y le ayudara a Yelena a llevarlo hasta la

clínica. Menos mal que ésta queda cerca, y no hay que atravesarse la ciudad que por esta época se hace imposible.

El tiempo corría y Angela no tenía noticias, los minutos se hacían eternos y la angustia se apoderaba de ella, recordó que María del Mar arribaría en unos minutos y que tenía que recogerla en el Aeropuerto.

Llamó a Alejandro su esposo, le contó lo que sucedía, y le dijo que pasara por ella, en ese estado no podía conducir. Alejandro de inmediato  salió por ella para ir juntos a recoger la niña al Aeropuerto, pero mientras viajaban Angela nuevamente se comunico con Cartagena, esta vez habló directamente al Hospital Naval, ya Alberto se encontraba allí, era el Hospital de la Armada, un hospital ubicado en Bocagrande donde están los mejores médicos de la ciudad.

– Hola Dr Garnica cuénteme que es lo que le pasa a mi tío.

– Angela, el a llegado al Hospital con el azúcar en 600, por eso pensamos inicialmente que era un  coma diabético,  pero después de hacerle un chequeo mas completo, hemos detectado un sangrado en el cerebro bastante agresivo, que hace que tengamos que operar ya, pero por ser tú la única familiar de sangre debes darnos la autorización por escrito para poder intervenirlo.

– Dr, yo no puedo viajar ahora, me es imposible, por eso le pido que me acepte que via mail le envíe mi autorización autenticada mientras hago todos los arreglos para trasladarme a Cartagena. ¡Por Dios! que angustia, usted sabe cuanto amo a mi tío, y en este momento voy a recoger a mi nieta Maria del Mar que llega de Londres, viene de vacaciones a quedarse con nosotros, no la puedo dejar sola esta muy pequeña. Sin embargo, déjeme a ver que hago para arreglar todo y poder viajar.

Angela rompió en llanto, ese día había amanecido feliz, y ahora estaba a punto de perder a su tío.

-Cálmate Angela, todavía no sabemos que tan grave puede ser, si sobrevivirá o no, hay que esperar seguro que los médicos harán todo cuanto puedan, está en las mejores manos.

– Si, pero esta solo, sin mí y yo no puedo dejar la niña sola.

Llegaron al Aeropuerto y  la auxiliar de vuelo ya los estaba esperando para entregarles la niña. La felicidad de los abuelos se les reflejaba en el rostro,

además, tenían que ser fuertes pues no podían exteriorizar lo que sentían, sobre todo Angela, ya que la pequeña saltaba al ver a sus abuelos a los que amaba con toda el alma.

-Ven acá mi pequeña, ven te doy un abrazo, que grande estás, eres ya toda una señorita.¿ Que tal el vuelo?

-Fantástico abuela las nubes eran como algodón, y me dieron muchas cosas en el avión, me gane un diploma a las alturas. Se lo mostraré a mis amiguitas y mi mamá para que me dé un regalo por haberme ganado este diploma.

-Por supuesto mi muñeca hermosa, tu eres toda una Campeona. A pesar de su dolor veía que Maria del Mar  estaba grande,  sus ojos miel expresaban su felicidad, y esos rizos dorados que le llegaban hasta la cintura, parecía un angelito que Dios le mandaba justo en ese momento. Alejandro era un hombre maravilloso abrazó a su nieta y a Angela con eso brazos fuertes y musculosos que tenía diciéndole no te preocupes ¡todo saldrá bien!

No había terminado de recibir la niña, de abrazarla, de llenarse de dicha por ese momento que tanto había deseado, cuando sonó el teléfono de nuevo y era el Dr Garnica. Ella confiaba mucho en él era el medico de la familia y un cirujano cardiovascular de los mejores, además sabía que asumiría el caso como si Alberto fuera su padre ya que era muy querido por el y su familia.

– Dr que pasa?

– Angela recibí la autorización, pero no podemos operar por que hemos descubierto en su tío un Hongo que no hemos podido identificar todavía.

– ¿Un Hongo? Como así Dr, no entiendo.

– Angela donde vivió su tío los últimos meses

– En el Apartamento de él, después de que lo jubilaron de Sacerdote se radicó allí por que dejó la Parroquia, pero antes estuvo en Parroquias super buenas la última fue en Bocagrande, allí estuvo los 3 últimos años.

-Es que es muy raro, es un hongo, que no podemos saber su procedencia, aún no tenemos ni siquiera el antibiótico para contrarrestarlo, es muy agresivo, solo podría encubarse en lugares de asinamiento.

– No, pero no puede ser Dr. El ha estado viviendo bien, tiene una señora que se encarga de su cuidado. Angela comenzó a mover cielo y tierra, para saber que podía ser lo que tenía Alberto.

Llamó a diferentes personas, amigos cercanos, al mismo monseñor y nadie le daba una respuesta que la satisficiera. En una de tantas averiguaciones un sobrino suyo le contó que desde hacía varios meses lo frecuentaba una señora llamada Amalia una mujer inescrupulosa, que solo quería robarle y lucrarse de la pensión que él recibía, decía ser feligrés de su parroquia y ahora benefactora de él, ella, aprovechando su estado de vejez cada mes le

sacaba de su cuenta la pensión que le consignaba la Armada, se quedaba con ella, y a él solo le daba unos cuantos pesos.

– Pero ¡por Dios! como no habían dicho eso antes. A mi si me ha contado él acerca de Amalia, me dijo que era una señora benefactora de la parroquia muy amiga suya en quien confiaba plenamente. Pero Amalia era una mujer desnaturalizada que solo buscaba lucrarse de todas aquellas personas indefensas en las que veía la oportunidad de sacar provecho.

De nuevo suena el teléfono y es el Dr. Garnica. Ángela tenemos que operar ya, es cuestión de segundos o no sobrevivirá.

Haga lo que tenga que hacer Dr. Yo voy a comprar tiquete para esta misma semana.

Ángela organizo todas sus cosas, sabia que la situación no daba espera, compró tiquete para ella y su esposo y dejó a María del Mar con sus

abuelos paternos, de todas maneras, su hija y el esposo vendrían en pocos días para radicarse definitivamente en Colombia.

El tiempo pasaba, no sabía como había salido de la operación, llevaban mas de 4 horas en cirugía, era interminable la espera. Después de 6 horas sonó el teléfono era el Dr. Garnica

-Ángela, todo salió bien pero la hemorragia fue muy severa y por la edad y las complicaciones que tiene, cualquier cosa puede suceder, habrá que esperar 48 horas para ver la evolución, después de ese tiempo sabremos cual es la real situación.

El avión aterrizó en Cartagena esa ciudad que amaba con el alma, pero no era la misma, se sentía en el ambiente la tristeza, caía un torrencial era como si el cielo llorara a cántaros, y así estaba también, su corazón.

Ángela llegó hasta el Hospital, en medio de semejante aguacero tenía que atravesar todo el parqueadero, era un sitio muy bonito al lado del mar pero por la seguridad de ser un espacio militar no dejaban ingresar taxis, así que le tocó mojarse y llegó empapada. Allí la esperaba monseñor y mucha gente que se aglomeraba a esperar que el padre Alberto saliera de la cirugía, él era un personaje muy querido, Alberto seguía en cuidados intensivos, tan pronto llegó el Dr. Garnica la dejó pasar, pero antes le dijo:

– Lo que tiene Alberto es la consecuencia de una sustancia que le estuvieron suministrando en el ultimo año, no hemos detectado exactamente que es, pero poco a poco fue dañándole el cerebro, Alberto ya no era dueño de sus actos, no tenía voluntad, y ahora aparte del accidente cardiovascular, esta el hongo producido por esa misma sustancia.

Era doloroso verlo en ese estado en el que se encontraba, un hombre que había sido un roble toda la vida y al que nunca se le oyó quejar de nada . Ángela salió consternada, y se dispuso a averiguar quien era la tal Amalia por que para ella, era la única culpable del estado de Alberto.

La horas pasaban pero Alberto no reaccionaba, Ángela que era una mujer fuerte, de tan solo 50 años, poseía todavía la belleza de su juventud, pero estaba ¡devastada!. Tenía tantas preguntas sin respuesta y ya no había nada que hacer, solo esperar y rogar a Dios que un milagro les devolviera a Alberto.

 

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