El muerto viviente

Se sintió una explosión que hizo que Leonel se despertara, había  un extraño olor a humedad, a viejo. Leonel era un hombre silencioso, miraba incrédulo, estaba asustado, su corazón latía de prisa, se sentía aturdido, sudaba, toda su ropa estaba mojada. Miraba a su alrededor para saber donde estaba, se suponía que anoche se había recostado en su cama muy cansado, de pronto esto que le estaba pasando era producto de un sueño, de una pesadilla. ¿Que hacía allí en ese sitio inmundo, sombrío, que olía a podredumbre? Se paró como pudo y decidió ir a caminar por esas calles. Tenía que averiguar donde se encontraba.

Sus ojos miraban desorbitados, ese sitio era totalmente desconocido para él. Era un pueblo pequeño, con una plaza central donde se levantaba una iglesia. Estaba todo en completo silencio, no se escuchaba nada, y las calles se veían totalmente vacías. No veía a nadie, solo calles largas, maltrechas y acabadas que se extendían mas allá de la mirada.

__ ¡Que carajos! ¿en este pueblo de mierda nadie vive? ¿que estoy haciendo yo aquí?, ¿como llegue?  Caminaba como un zombi, algo cojo, medio encorvado, con su mirada triste y su pelo gris, un vestido de paño oscuro, la camisa por fuera, unos zapatos gastados como si hubiera caminado mucho, empolvados, y ya casi sin suela, se veían deteriorados por los años, no encontraba respuestas y no tenía a quien preguntarle nada. Le dolía mucho el cuello o mejor, esa cicatriz que tenía y que tanto lo atormentaba. Hoy especialmente le ardía como una condenada!.

De pronto a lo lejos divisó una sombra, una espesa neblina acompañaba esa noche de luna llena, las hojas rodaban por el suelo con el viento que soplaba lento y sin pausa, solo fantasmas de sombra y luz lo habitaban. Era obvio que eso que divisaba venía hacia él, fijó su mirada atentamente y vio que parecía ser una mujer, vestía de negro, no le podía ver la cara, la noche estaba muy negra solo podía ver como avanzaba entre la neblina, se asustó mucho pero cuando ya estaba a punto de acercársele no había nadie, desapareció! Leonel miraba a todo lado pero no había ni un alma. Se alejó tan rápido como sus cansados pasos se lo permitían. Creyó que era el fin.

Tenía que averiguar como fuera que sitio era ese y por qué se encontraba allí. Estaba cansado, fatigado, su respiración se cortaba, se sentó en la banca del parque en medio de esos árboles cenizos ya casi sin vida, podía oír el crujir de las ventanas y a lo lejos se oía el repique de las campanas de la iglesia de ese pueblo fantasma, una iglesia en la que nadie oficiaba misa alguna. Allí solo había un viejo sagrario, y unas bancas desbaratadas. Pasó todo el día allí hasta que decidió volver a caminar para encontrar respuestas. Entró a un cafetín donde desde afuera se veía que deambulaban sombras y se oían murmullos y voces, efectivamente, allí habían varias personas, se sentía un fuerte olor a tabaco y alcohol que impregnaba todo el lugar, pero al parecer no lo escuchaban, o no querían hacerlo, apenas lo miraban incrédulos casi ignorando su presencia y como si no entendieran lo que les preguntaba.

Decidió sentarse en uno de los butacos de la barra.  En la caja registradora vio un periódico amarillento que olía a moho, viejo y quebradizo; cuando lo tomó, de milagro no se le deshizo entre las manos. Se puso a observarlo con esa mirada lánguida y triste que lo caracterizaba y encontró la noticia: Una bomba termonuclear había estallado, todo había sido destruido, solo quedaban los muertos vivientes en esa Ciudad llamada Metistet, donde las almas deambulaban por las calles sombrías, en busca de respuestas. Pero ¿Que fecha tenía ese periódico que estaba ya desecho? Efectivamente, cuando lo miró, quedó desconcertado, ese periódico estaba fechado del 28 de Octubre de 1.816. ¿Que hacía él allí entonces? él estaba seguro que vivía en en el año 2016, ¡no podía ser! Se encontraba en una Ciudad que no conocía, que jamás había visto 200 años antes, ¿el tiempo se había devuelto? o él estaba en el futuro? Regresó a la mesa donde departían esas personas. Habló duro para llamar su atención, y les preguntó que día era, lo miraron despectivos

– 31 de Octubre de 1.816 le respondieron.  ¡No entendía nada!. Un relámpago iluminó el recinto y vio la misma mujer, ahora si pudo ver su cara, era un espectro! era la mujer que había visto caminar entre la niebla frente a él. Leonel se sintió atraído, no sabía por qué, pero se quedó perplejo mirando aquel ser horrible de aspecto satánico, sin embargo, su mirada lo sedujo quedó hechizado y no podía apartar su mirada. Cuando por fin volvió a la realidad y la quiso tomar entre sus brazos para verla de cerca y preguntarle por que lo seguía y donde estaba ya no había nadie! se había marchado.

Las personas que allí, seguían departiendo como si el tiempo no pasara, se reían a carcajadas, lo miraron, volvieron y siguieron en lo suyo como si no les importara.

Leonel decidió que tenía que encontrara a esa mujer o  espectro lo que fuera, quería saber quien era y por qué se sentía tan atraído por ella. Una extraña obsesión le nació por ella. Se sentó solo, en la mesa del frente. Se mantenía imperturbable, ajeno al frío que hacía. Miraba sin parpadear a las personas jugando cartas, veía que departían y charlaban entre si pero no les entendía, y a las que tampoco parecía que él les importara en lo más mínimo. Ni siquiera lo miraban. Pero  sentía que tenía que estar allí, ya que su alimento era esa energía que emanaba de ellos, para poder seguir vagando sin rumbo buscando una respuesta a lo sucedido y poder entender por qué su vida se le había convertido en semejante miseria de un día para otro.

Afuera, la neblina se hacía cada vez más densa y se lograba colar por las ventanas. Hoy no dormiría en la banca del parque, hoy, decidió  pasar la noche allí al lado de esas personas.

La luz comienza a entrar por la ventana, es ya de día, Leonel mira a su alrededor y ve que las personas siguen jugando y departiendo como si nada. A su lado recostada junto a él,  está la mujer – espectro, su apariencia es normal, siente su respiración, no puede evitar tocarla, siente su piel arrugada y áspera, como si se tratase de un cartón viejo, pero tan pronto ella lo siente,  le entierra sus filudos dientes en el cuello. Leonel se toca la cara y está empapada de sangre, siente dolor, horror y repugnancia, es como si acabara de estar con el peor de los demonios!. Ya no logra verle la cara! Le hubiera gustado arañarla y enterrarle las uñas hasta despedazarla!

Es Domingo 1 de Noviembre de 2016. Esta de regreso! De nuevo en su lecho donde no debió haber salido, se siente exhausto , se limpia el sudor de la frente con las manos torpes y cansadas. Se da cuenta que la mañana está casi tan oscura como la noche y llueve a cántaros, siente el corazón desbocado como si se le quisiera salir del pecho. La cicatriz que tiene en cuello le duele mucho, __¿Será que nunca podrá quitarse ese dolor de encima?. No soporta esas punzadas fuertes que lo dejan sin aliento, cae al suelo inconsciente otra vez sumido en ese sueño profundo que durará otro año más.

Leonel, es un retornado del caos, un muerto viviente del 25 de Octubre de 1.816 esa época de la destrucción termonuclear. Todos los 31 de Octubre sale en busca de su alma, está condenado a caminar el resto de la eternidad, condenado a vagar sin rumbo alguno, como un muerto viviente.

 

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