La desnarigada

Todos se encontraban departiendo felices. Era el compromiso de Pirula Alberta, y José Requeleto Ambrosio. Llevaban más de 10 años de noviazgo y como ella misma decía, ¡por fin ese bombril había decidido casarse!, porque ya le iba a tocar indemnizarla por todo el tiempo que llevaba a su lado. Era una pareja bastante particular, ya que José Requeleto media 1,92 y Pirula Alberta tan solo metro y medio, pero su baja estatura se veía recom- pensada por una personalidad avasalladora, un hermoso pelo rubio, unos ojos almendrados y una sonrisa perfecta. En el pueblo los querían mucho, ya que habían comenzado esa relación desde adolescentes y hoy todos celebraban que por fin ese matrimonio se fuera a dar.

El recinto estaba hermoso, lleno de hortensias y faroles que rodeaban todo el lugar. Era un sitio Campestre en las afueras del pueblo, pero lleno de verde donde se podía respirar el aire puro. José Requeleto, estaba emocionado, vestía con pantalón blanco y camisa de lino también blanca que le daba un aura de Santero. Pirula Alberta, usaba un hermoso vestido estampado que contrastaba con la diadema de flores que lucía en su bella cabellera rubia.

La extremada luminosidad de la tarde resaltaba en medio de un sol fosforescente, los mú- sicos tocaban alegres melodías, y, Pirula danzaba al compás de las notas con Cornelio, su amigo de toda la vida, al que José Requeleto le llevaba cierta envidia y celos desde hacía mucho tiempo. Pirula se reía a carcajadas de las ocurrencias de su amigo, ya que éste le decía:

––Pirula, ¡hasta que al fin! se decidió ese desnalgado a proponerte matrimonio. Y lo decía con ironía .

Jose Requeleto estaba sentado en un tronco no muy lejos de donde se encontraba el baile y los miraba de lejos, no podía disimular su disgusto y lo incomodo que se sentía. De pronto, se enardeció, no podía soportar las risas burlonas de su novia, ¿con que clase de mujer se estaba comprometiendo? ¿si esto era ahora, como sería después? Entró en cólera y se dejó ir con todo su ímpetu y su fuerza hacia Pirula, quitándosela de los brazos a Cornelio y de un mordisco le arrancó la nariz, mientras la masticaba de manera maquiavélica.

Todos quedaron atónitos. El amigo de José Requeleto lo sacó del lugar, mientras este poco le importaba y los miraba de manera desafiante. Los demás invitados corrieron a socorrer a Pirula, al ver que no tenía la nariz, la buscaban en el piso todos como locos. Cornelio impresionado la subió al carro y la llevó corriendo al hospital antes de que se desangrara.

––¡Un médico! ¡un médico por favor!

––El novio se le ha comido la nariz. Gritaba Cornelio como loco al ingresar a la Clínica más cercana que había encontrado en el pueblo.

––¿Se la comió?, ¿está hablando literalmente? Le preguntaba el médico de turno que es- pantado miraba a la pobre Pirula llena de sangre.

––Si, él se abalanzó sobre ella y su reacción fue comerse su nariz.

Inmediatamente la llevaron a cirugía, todos en la clínica comentaban el evento. La gente en los pasillos cuchicheaba sin parar. La prensa se hizo presente en el hospital. Los paTooltipnulldres de la novia llegaron cuando vieron semejante gentío atiborrado en la puerta de la clínica, se abrieron paso como pudieron esquivando camarógrafos y periodistas que se les abalanzaban para hacerles preguntas.

––¿Donde esta nuestra hija? exigimos verla. ––¡Tranquilízate Pirulo! que ya la están atendiendo. ––¡Dios, como pudo pasar eso!

––No sé. José Requeleto estaba como loco, lo único que vi, fue que se me abalanzó encima cuando yo bailaba con tu hija, después, vi que un pedazo de su nariz voló, y Pirula gritaba adolorida. Todo fue muy confuso, porque él se paró, me miraba con sus ojos llenos de ira y se reía, haciendo gestos como si la estuviera masticando, como si le gustara lo que había hecho.

––Es una aberrante personalidad psicopática, caníbal. Si quiera mi hija no alcanzó a casarse con ese ¡bastardo! Merece una condena ejemplar, es un hecho, que da fe de un acto que linda con la locura.

––¿Que dicen los médicos, has podido hablar con ellos?

––No. Todavía no.

La mamá de Pirula Alberta lloraba desconsolada, no podía creer lo que estaba pasando, siempre pensó que José Requeleto era el marido perfecto para su hija y salir con estas ahora. ¡Parecía una locura!

El médico salió, se veía confundido, aterrado ante lo que estaba sucediendo. –– ¿Dr. como esta nuestra hija?

–– Es la primera vez que nos enfrentamos a una situación de estas, nunca me había toca- do ver algo semejante. Su hija perdió la mucosa interior, y el cartílago que separa las dos fosas nasales. Hay que hacerle ya mismo una cirugía de reconstrucción.

–– ¿Dr, pero va a quedar bien?

–– Primero, hay que hacerle una reconstrucción de la nariz a través de un procedimiento que se llama colgajo frontal. Y después ya veremos…

––¡Dios! ¿y eso que es?

––Es un procedimiento que consiste en extraer tejido de la frente, para proceder a mol- dear el pedazo de nariz que falta, luego, hay que reconstruir también la frente.

––Dr ¿le quedará cicatriz?

––Si, quedará con una cicatriz en la frente, además de que perderá sensibilidad en la parte superior de la cabeza. ¿Ella tiene seguro? Porque los costos de las dos cirugías superan los 160 millones de pesos, además debemos remitirla a la Ciudad donde hay cirujanos plásticos especializados en nariz.

––Si, ella tiene seguro Dr. Yo ya me encargo de todos esos trámites, pero así no tuviera, no escatime en gastos, haga todo lo que tenga que hacer, pero déjela bien ¡por favor!

–– Tranquilo Sr Pirulo, eso haremos.
–– Cornelio, ¡Quiero que detengan a ese miserable!

––Tienes razón Pirulo. Ya me encargo de eso. Si tenía rabia, se debió de haber desquitado conmigo, pudo haberme dado un puño, pegarme patadas contra el piso, pero no, su reac- ción fue coger a Pirula y arrancarle la nariz, además ‘toteado’ de la risa salió y se fue.

Detuvieron a José Requeleto quien lloraba de manera desconsolada sin entender que le había pasado, por qué había cometido semejante acto tan atroz.

––Yo amo a Pirula, llevo más de 10 años con ella, jamás le había hecho algo, no la había tocado ni con el pétalo de una rosa. ¡Dios como pude! déjenme verla, quiero pedirle perdón, sé que jamás volverá conmigo, pero tengo que verla.

––Tranquilízate hombre, le decía su mejor amigo, quien se había hecho cargo de su defensa.

––Tenemos que estudiar todos los hechos de ese día. ¿Que tomaste?, recuerda todo lo que sea posible y que nos pueda ayudar a encontrar el porqué de semejante comportamiento, ¡tu jamás habías obrado de esa manera! así que aquí hay algo muy raro.

–– ¡No recuerdo nada! Ni siquiera el momento en que dicen le arranque la nariz.

Cuando despertó, Pirula Alberta se encontraba en un estado depresivo del que tampoco le interesaba salir, estaba sumida en su duelo, tratando de entender que había pasado y por qué José Requeleto había hecho semejante cosa. A su lado había permanecido día y noche su amigo Cornelio.

–– Pirula Alberta debes seguir adelante, yo estaré siempre pendiente de ti, sabes que te adoro. Ese tipo no era para ti. ¡Mira lo que te ha hecho!

––Tu sabes que yo amo a José Requeleto, no sé por qué hizo esto conmigo yo sé que él me ama.

A los pocos minutos ingresó la policía.

––¿El Sr Cornelio del espíritu santo y de las tres cruces?

––Si, soy yo.

Queda usted detenido por administrar drogas Psicotrópicas, al Sr Jose Requeleto Ambrosio.

––¿Que? ¿esta usted loco? ¿ahora el culpable voy a ser yo?

––Tiene derecho a guardar silencio y a buscarse un abogado.

Pirulo, Pirula Alberta, y su madre quedaron en Shok, todos se miraban entre sí.

––Por Dios, pero si este señor lo único que ha hecho es estar al lado de mi hija acompañándola.

––Buenas tardes, Sr Pirulo. Soy el comandante de la Policía Metropolitana, le cuento que al momento de operar a su hija Pirula Alberta, los médicos encontraron en su sangre restos de una droga alucinógena que alteraba el comportamiento. Inmediatamente, se le practicó al detenido un examen de sangre, encontrándose la misma sustancia, y en el sitio donde hacían la reunión, había cámaras de seguridad, que posteriormente fueron analizadas. Allí, pudimos descubrir que el Sr Cornelio, amigo de su hija, los drogó a ambos, y estas sustancias al ser consumidas, afectan de forma particular, la capacidad que tenemos las personas de percibir la realidad, pudiendo ocasionar trastornos sensoriales severos.

––Así pues, que como consecuencia de este tipo de sustancia su hija, y sobre todo su yerno, padeció distorsiones de su percepción, se vio disminuida la capacidad para distinguir entre realidad y fantasía, y ocasionó un incremento de la intensidad de sus reacciones emocionales, llevándolo a cometer este acto tan atroz, pues estaba bajo el efecto de los alucinógenos.

Tan pronto se llevaron a Cornelio, ingresó a la habitación José Requeleto Ambrosio. Se veía aterrado al ver a su novia en ese estado.

––Pirula, mi amor, he venido a pedirte perdón, me voy de viaje, quiero olvidar este aterrador evento. Creo que ambos necesitamos tiempo y por lo pronto, que tú te recuperes. Te amo y siempre podrás contar conmigo.

Los dos se miraron, a Pirula solo se le veía como le brotaban las lágrimas de sus ojos.

 

 

 

 

 

 

 

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