El hombre sin años.

Mathew, era un hombre fuerte, atlético, su pelo ondulado y largo lo hacían ver encantador, con un aire de don Juan. Siempre tenía la audacia de imaginar y eso le había permitido alcanzar lo que siempre había soñado: vivir envés de morir. Siempre tuvo una pregunta en la mente: los Dioses antiguos eran inmortales y eternamente jóvenes, porque ingerían el néctar y la ambrosía del Olimpo –– Será entonces que ¿El hombre podrá vencer algún día la vejez, la enfermedad y la muerte? Ahora que tenía la respuesta le costaba vivir con ese descubrimiento.

––Carol, estas vacaciones debemos ir a bucear con las niñas, ya sabes cuánto disfruto eso. Mathew tenía una linda esposa y 2 hijas maravillosas Crystal y Azul a quien quería con toda el alma.

––Claro mi amor, hay en el Japón una ciudad turística muy nombrada por esta época se llama Shirahama queda en la costa sur Japonesa, situada a 100 kilómetros del sur de Osaka. ¡Dicen que es un lugar fascinante! por sus 500 metros de playa y arena blanca, tanto que de ahí venía el nombre de Shirahama que significa Playa blanca.

––Me encanta, voy a hablar con la agencia para que nos organice el viaje.

Todo estaba listo para esa gran aventura que iban a iniciar, cuando se bajaron del avión quedaron sorprendidos ante semejante paraíso. Se veía una Ciudad imponente con gran-des hoteles, palmeras exóticas, era un sitio paradisiaco .

Cuando llegaba la noche hacían llamativos juegos artificiales en la playa, que le daban al lugar un aire mágico y un encantamiento especial. Al ver semejantes aguas transparentes Mathew no quiso esperar a su familia y no dudo en ponerse su traje de buzo, para introducirse en lo profundo del mar y conocer ese espectáculo colorido de arrecifes coralinos, peces raros e hipocampos, así que se lanzó a descubrir los misterios que ese mar le ofrecía, buceó allí poco más de media hora, a 20,5 metros de profundidad. Él, era inquieto y sagaz, siempre quería indagar y conocer más. Lo que Mathew no intuía, era que a partir de ese instante todo cambiaría para él.

Mathew vio como las aguas de ese mar aparentemente inofensivo se tornaban turbulentas y un sifón cada vez lo alejaba más del sitio donde estaba, de pronto una corriente extraña con una luz enceguecedora le envolvía todo el cuerpo, ahí sufrió el síndrome de descompensación y no tuvo como subir a la superficie. Como pudo se resguardó en las ruinas de un viejo barco, no tenía más remedio que someterse a su suerte, no se sintió asustado, por el contrario, sentía que pertenecía allí, que ese mar era su hábitat natural y que en ese ecosistema marino podría quedarse a vivir de por vida, esa fuerza natural que lo había atropellado en ese momento, lo hacía sentir extrañamente poderoso.

––¿Y ahora que voy a hacer?

Observó unas plantas parecían algas marinas, no dudó en tomarlas y comenzar a masticarlas, de inmediato notó que curiosamente esta planta le proveía el oxigeno para mantenerse en las profundidades. Así que decidió seguir con su expedición, se sentía lleno de energía, libre de toda emoción negativa, solo irradiaba paz, armonía y sobre todo se apoderaba de él, una confianza nunca antes experimentada. No sabe cuánto tiempo pasó en ese estado, lo cierto es, que tal como llegó allí, esa misma corriente lo devolvió a la superficie. Flotaba a la deriva en esas aguas del mar que se elevaban, avanzan, descienden y retroceden varias veces al día. El sol le quemaba la piel, estaba en un trance profundo, parecía como muerto.

Mientras tanto los equipos de rescate en botes y helicópteros pasaron 2 días recorriendo el mar, alrededor de la zona donde Mathew se había sumergido en busca de algún signo de supervivencia, además, varios equipos de buceo entraban en las profundidades del mar esperando hallarlo. Pero todo era en vano, llegaba la noche y de nuevo el día y no había rastro de Mathew.

––¡Dios!, ¿que vamos a hacer niñas? Como pudimos dejar ir a su papá solo. ––Tranquilízate mamá, papá es un hombre fuerte y experimentado.
––han pasado dos días, hoy es el tercero y no sabemos nada.
Cuando todo el mundo pensó que ya no hallarían el cuerpo sucedió lo inimaginable.

A lo lejos se encontraban unos pescadores esperando a que subiera la marea, las corrientes que pasan remueven y agitan el mar y es el mejor momento para ejecutar la pesca. De pronto divisaron algo que flotaba, parecía un cuerpo y decidieron acercarse para ver si podían ayudarlo. Uno de los pescadores dijo:

––Ese es el señor que están mostrando todos estos días en el noticiero. Ayúdenme a sacarlo

Inmediatamente procedieron. Efectivamente era Mathew. Ellos sabían que todo el mundo lo estaba buscando, lo subieron a la barca, parecía muerto y de inmediato dieron aviso a las autoridades quienes les dijeron que lo arrimaran a la playa que allí una ambulancia lo estaría esperando.

Mathew fue trasladado al hospital de Shirahama Kominami, yacía inmóvil, y sus signos vitales eran demasiado débiles, se veía rígido, no respondía a estímulos; la respiración y el pulso estaban muy lentos, la piel bastante pálida. Nadie creía que pudiera estar vivo, o si lo estaba, no podría sobrevivir en el estado en que se veía.

Cuando llegaron al hospital, los médicos dieron aviso a Carol y a sus hijas Crystal y Azul, de la delicada situación por la que atravesaba Mathew, quienes a pesar de todo sintieron mucha alegría de volverlo a tener con ellas.

––La fe es lo último que se pierde Dr, y después de verlo sabemos que Dios nos lo regresará de nuevo con nosotras.

Carol, le repetía al oído incansablemente.

––Amor aquí estamos junto a ti, te queremos, tienes que poner todo de tu parte vas a ver que pronto estarás en casa ya recuperado y esto solo será otra anécdota más de tu vida. Ella sabía que así estuviera inconsciente esto lo ayudaría.

Mathew seguía en coma, los médicos no daban muchas esperanzas. Carol, tenía que regresar a casa con sus hijas y continuar con su vida. Ya había pasado casi un mes, era insostenible por los costos seguir en el hospital, así que solicitó al seguro y a los médicos del traslado de su esposo a su País de origen. en un helicóptero. Los médicos aceptaron sabían que esta situación se podía alargar indefinidamente así que arreglaron todo para el traslado de Mathew.

Pero cuando ya estaba todo prácticamente listo para su traslado, Mathew abrió los ojos, miraba todo a su alrededor, no sabía donde estaba ni que le había pasado. Sus hijas y su esposa se emocionaron al ver que por fin despertaba de ese trance.

––Amor, has regresado

––Papa, te queremos mucho bienvenido a la vida de nuevo. ¡Esto es un milagro de Dios! Exclamaban todas al unísono.

Mathew las miraba fijamente no las reconocía, no las recordaba, es más, nada había en su mente, sentía que pertenecía a otro mundo a otra época y que esta familia que le estaban adjudicando no era la suya. Se sentía renovado, pero no entendía lo que le sucedía. No sentía hambre, ni dolor, incluso se veía rejuvenecido. A partir de allí, comenzó a darse cuenta que su cuerpo tenía una extraña condición de supremacía.

Los médicos le hicieron muchos exámenes y descubrieron que presentaba una extraña capacidad de volver atrás en su ciclo vital gracias a un proceso celular denominado transdiferenciación. Es decir, muy probablemente no volvería a envejecer.

Todavía no comprendían el alcance de lo que le estaba sucediendo. Con los años el cuerpo humano comienza lentamente a encogerse y los músculos comienzan a aflojarse pues el destino de las células es mutar y morir, los sentidos, la agilidad mental entra en decadencia, pero a él parecía no estar sucediéndole nada de eso, por el contrario, su cuerpo, sus órganos, sus células, parecían ser de una persona de 20 años y el ya pisaba los 50.

Órganos como el bazo, el hígado o el riñón, estaban restaurados. El cerebro y las células nerviosas, que producen nuevas neuronas estaban al 100%. Las células tardan cada vez más tiempo en dividirse, hasta que ya no lo hacen en absoluto. Pero a Mathew se le estaban dividiendo a gran velocidad. Él que ya estaba entrando “en senescencia”, un término médico para decir educadamente que se esta volviendo viejo al contrario estaba era rejuveneciéndose. ¡No lo podían creer!

––Mathew, usted es un caso de estudio, no entendemos en absoluto lo que sucede con su cuerpo y menos entendemos como no murió.

––Me alegro de estar vivo, decía emocionado, ya no pienso en la vejez como en una etapa penosa que tenga que soportar, sino en una época de ocio y libertad, liberado de las urgencias artificiosas de días pasados, siento una energía desconocida como si estuviera en capacidad de comerme el mundo y enfrentar lo que se me ponga en frente. No recuerdo nada de mi pasado, pero estoy seguro que por estas 3 bellas mujeres estoy de regreso.

Carol, Crystal y Azul estaban felices. No se separaban no un segundo de su cama ––¿Como hizo para mantenerse vivo sin morir? Le preguntaban los médicos asombrados

––No sé, solo sentí una luz muy fuerte y una corriente extraña que me desplazaba muy lejos de donde estaba. No sentí temor, por el contrario, me sentía renovado. Me alimenté de una planta que encontré adherida a los arrecifes, y con eso tuve. No necesité más. Y es lo único que recuerdo. Porque no sé quién soy, que hago acá, ¡nada¡ es como si antes no hubiera existido.

Los médicos enviaron una expedición para confirmar lo que Mathew les decía, y efectivamente encontraron no una planta, sino un animal adherido a las rocas y arrecifes de coral en las aguas superficiales donde fue encontrado. Recogieron muestras y comenzaron a ver que dicho animal tiene mucho en común con los humanos. Se llama Anémona, y hay más de 1.000 especies las cuales parece que evitan los efectos del paso del tiempo. Lo anterior sumado a “energías” presentes en el universo físico las cuales todavía no han podido ser identificadas, podrían sumarse a lo que le estaba sucediendo a Mathew. No se podía excluir del todo, que él, hoy, pudiera ser uno de los primeros seres humanos inmor- tales, con una mirada de la eternidad como una posibilidad abstracta.

Mathew salió del hospital junto a la que se le decía era su familia, regresó a su tierra, un pueblito ubicado en América del norte, supuestamente allí estaba su mundo y tal vez poco a poco iría recordando todo. Pero nada sucedió como se pensó. El tiempo pasaba y Mathew cada vez era un desconocido más, un habitante sin mundo, sin pensamientos, sin rumbo, vivía el momento, no tenía recuerdos, es más, pronto olvidaba las cosas y así poco a poco se fue acostumbrando a vivir, su alma era un desierto sin emociones, sentía un vacío permanente, no estaba atado ni gobernado por los miedos, prejuicios y reglas del mundo.

Enfrentar esa situación, para su familia cada vez se volvía más difícil. Habían pasado más de 10 años, sus hijas se hicieron adultas, su esposa envejecía, pero él no, cada vez estaba más joven y dinámico. Quería experimentar, salir, viajar, era un ciudadano del mundo, el primero de una era, que ni siquiera había llegado todavía.

La vida eterna era para él, una tarea ardua que apenas comenzaba. Pues habitar en un mundo de mortales donde solo él, es el único inmortal se le convertía en un problema. Hasta ahora, solo lo que perduraba del hombre era la fama, la gloria de sus obras, el nombre, el heroísmo en el campo de batalla, las obras artísticas o arquitectónicas de las que se hizo responsable. Pero él tendría que vivir por siempre errante por el mundo aguantando las embatidas de los años, de los cambios tecnológicos, de los avances del mundo.

Su familia, sus amigos comenzaron a verlo como un ser extraño, y él comenzó a sentirse igual, curiosamente en este mundo no había cabida para él¡.

––Carol, te has preguntado ¿qué será de mí en un futuro? Para todos ustedes la muerte es un acontecer inevitable, ¿pero para mí, existirá un fin? ¿Moriré algún día?

––Mathew, el tiempo te irá dando respuestas, no te afanes por eso. Lo importante es, que aquí seguimos juntos.

––Siempre, quise quedarme para siempre, ahora, que no recuerdo nada, no tengo memoria y paso por la vida viviendo el momento, no sé, si es lo que realmente quiero. La extin- ción de la vida del hombre, está ligada a la vida terrena, a las alegrías y sinsabores de un mundo que pasa. He perdido la capacidad de asombro, y eso es, como estar muerto.

Un día amaneció más temprano que de costumbre, él hacía muchos años que no dormía con Carol su mujer, sus hijas se habían casado y se habían ido a vivir fuera a tratar de construir su propio mundo, alejadas de ese, que les había tocado enfrentar sin estar preparadas. Llamó a la puerta de Carol. para entrar y llevarle café, siempre acostumbraba eso cada mañana, era su pago a su eterno amor, compromiso y fidelidad para con él.

––¿Carol, mujer ya estas despierta? ¿Puedo entrar?

Carol era su amiga inseparable, el no sabía dar amor, ni tener sexo, y ella lo había aceptado así y permanecía con él a su lado envejeciendo sola, despidiéndose del mundo poco a poco, viviendo, sabiendo que algún día partiría teniendo que dejarlo a él.

––Carol, te traigo cafecito. Esta recién hecho.

Pero ella no le respondía, abrió la puerta y allí estaba con una sonrisa en sus labios, cándida, llena de una paz infinita con la mirada fija en el horizonte. Mathew entró, le cerró los ojos, le dio un beso en la frente y se recostó en su regazo.

––¿Como enfrentaré la vida ahora sin ti querida Carol, mi eterno amor?

Allí, entendió que no quería ser inmortal, que quería despedirse de este mundo al igual que todos los mortales, sintió que llevaba una vida miserable y que no quería seguir así y mucho menos sin ella. Hacía más de 30 años no lloraba, no tenía emociones, no sentía, no recordaba. Pero por su mejilla corría una lagrima.

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