Categoría Relatos

Adios para siempre Adios

Amaneció, Ángela se despierta en su habitación, abre las cortinas para que entre la luz. Ve por la ventana que el día está radiante, el cielo despejado y el sol resplandeciente. Hoy, está más feliz que de costumbre, su entusiasmo es evidente, hoy llega su nieta de Londres, ha estado esperando ansiosa que esta fecha llegara, ya han pasado 2 años, eso hacía que no la ve. Baja las escaleras, su marido ya se ha ido, siente el olor a café recién hecho, y le pide a Luz que le sirva uno, a esa hora del día sirve recargar energía, aunque hoy las tiene ¡todas! De repente, suena el teléfono y al otro lado de la bocina se encuentra Yelena quien con voz angustiada le dice:

––Señora Ángela, veo a su tío mal, está tembloroso, tiene dificultad para coordinar, no tiene equilibrio, su sembla...

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Evocación

Sentada frente al mar evocaba esos hermosos años vividos, tantas cosas cruzaban por su mente, iban y venían como las olas que golpean los espolones de ese atardecer costero, el cielo de un azul profundo, y el sol brillante ocultándose en el infinito.

Isabel a sus 87 años aún conserva su lozanía, una piel blanca, tersa, aterciopelada, unos ojos color ámbar, mirada profunda, capaz de penetrar el alma de quien la mira, pelo blanco, y unas cuantas marcas que reflejan el paso de los años. Allí sentada seguía tejiendo su historia, como quien quiere prolongar su existencia. Si, prolongar su existencia. Isabel quería ser inmortal...

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La hormiga que dejo de ser invisible

Pancracia, nació en un hormiguero común, era retraída, ensimismada, prácticamente nadie notaba su presencia, se podría decir, que era invisible ante los ojos de los demás. Cuando Pancracia nació, su mamá, centró toda su atención en ella. Su padre, tal, como suele suceder con las hormigas, falleció, poco después de haber entregado la carga genética a su madre la Hormiga Reina.

Pancracia creció muy sobreprotegida y no desarrolló su instinto de defensa, siempre tenía quien

cuidara de ella. Su niñez fue triste, sin brillo y sin amigos. Creció acompañada solo de las hormigas adultas, pasaba sus días sentada mirando ese mundo que estaba allá afuera y que ella veía maravilloso lleno de brillo, pero por miedo, prefería no conocerlo.

Un día, Pancracia sintió que no podía segu...

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Ataque de pánico

Eran las 12 en punto en el reloj, Manuel se apresuraba hasta el Restaurante la Fragata, definitivamente se le hacía tarde. Las 12 en punto era la hora exacta para almorzar, si se pasaba el tiempo sentía un vacío en el estomago insoportable, por eso corría de prisa, se había retrasado, no encontraba su reloj dorado de pulso que le marcaba el tiempo exacto para hacer sus cosas. Manuel, vestía siempre impecablemente de blanco, sus zapatos bien lustrados, sus uñas bien pintadas de esmalte transparente, del bolsillo de su chaqueta se desprendía su pañuelo de seda pura, de un color diferente para cada día, no usaba corbata, sentía que ese nudo lo ahogaba y podía morir ahorcado, por eso las detestaba...

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En otro cuerpo

Era un día soleado de abril, se sentía correr la brisa por todo el pueblo de puerto escondido, una población pequeña de un puerto mexicano que poco a poco se fue extendiendo debido a que grandes inversionistas fueron llegando para establecerse allí.

Alejandra Valverde, regresaba a la ciudad que la vio nacer y que había dejado junto con sus padres hacía 25 años.

Alejandra de niña solía correr por las playas junto a su amiguito del alma José Vallarta. ¡De chicos eran inseparables! La sombra el uno del otro, pasaban largas horas en el mar, cogiendo caracoles, saltando entre las olas, subiéndose a los árboles para derrumbar uno que otro coco, y desde allí, le tiraban matorrales a cuanto transeúnte pasaba, para reírse después a carcajadas de cuanta maldad se les ocurría.

Alej...

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