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El síndrome de la impostora es esa voz interior que te convence de que tu éxito no es real. Que tu talento es circunstancial. Que en cualquier momento, alguien descubrirá que no mereces estar donde estás.
Y en el mundo literario, donde todo nace desde lo más íntimo del alma, esa voz puede ser especialmente ruidosa.

Esas dudas no vienen de afuera. Viven dentro. Se cuelan en los silencios. En los días en que las palabras no fluyen. En las comparaciones inevitables. Y se sienten como una sombra que camina contigo, incluso cuando todo va bien.

Yo la he escuchado. Muchas veces. Cuando dudé de mi primer poema. Cuando publiqué Amenizando el tiempo, mi primer libro de relatos y pensé que nadie lo leería. Cuando creé a Alicia, el personaje de mi primera novela: Vivir Eternamente, y me sentí pequeña frente a una historia tan grande. Hubo momentos en los que no sabia como manejar la historia para que fuera verosímil.Horas y horas de investigación que me desgastaban y hacían que dejara la obra en animación suspendida tal como estaba Alicia.
Cuando lancé Juegos de Poder, temí no estar a la altura de su mensaje. Hablar de policía en un país en crisis donde se ha perdido la credibilidad en los gobernantes era delicado. En nombre del amor es una historia más light se podría decir, pero tiene un fondo lleno de enseñanzas. Y sí, incluso ahora, que estoy a punto de lanzar  Detrás de la Pantalla, me visita de vez en cuando ese temor, esa duda des i podrá ser interesante para alguien esa historia.

¿Cómo enfrento todos estos temores?

No con arrogancia. Ni con negación. Los enfrento con amor. Con verdad. Recordándome a cada instante que no se trata de ser la mejor, sino de ser auténtica. de divertirme con lo que hago porque escribir no es una competencia, sino un acto de entrega. Y que las palabras que nacen del alma siempre encuentran su lugar.

La enfrento rodeándome de otras mujeres escritoras, leyendo a aquellas que me inspiran, como Ángela Becerra, y permitiéndome admirarlas sin sentirme menos. La enfrento escribiendo, incluso cuando dudo.
Porque cada palabra escrita es una victoria sobre la impostora.

Y tú, escritora, lectora, mujer que crea: si alguna vez has sentido que no mereces el lugar que has ganado, te abrazo desde aquí.
No estás sola.
Y sí, mereces estar donde estás.

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