Durante mucho tiempo creí que después de mi jubilación me dedicaría de lleno a escribir, a mis libros , a las letras, a la escritura relajada y sin prisa.
Pero la vida —tan sabia— tenía otros planes.
Sí, me jubilé. Al menos en lo formal. Porque cuando eres la fundadora y gerente de tu propia empresa, una que ha resistido 25 años en el mundo vertiginoso de los medios, no puedes simplemente apagar la luz y marcharte o entregarle el legado a tu sucesor y ya. El liderazgo no se archiva. Las pasiones tampoco.
Hoy, sigo trabajando. No con la intensidad de antes, pero sí con el compromiso intacto. Porque Logros Publicitarios, la empresa que levanté con el alma y que ha sido testigo del cambio brutal de la televisión regional en Colombia, todavía me necesita. Y porque yo también la necesito para sentirme viva.
Sin embargo, algo ha cambiado: ahora también soy escritora a tiempo completo.
Y eso no fue fácil. Encontrar ese espacio, ese equilibrio entre dirigir una empresa y escribir novelas, no vino con instrucciones. Me tocó aprenderlo. Y hoy quiero compartir con todos ustedes lo que me ha funcionado, por si tú también estás en ese lugar en el que la vida real parece no dejarte dedicar a lo que te apasiona..
✨ Estas han sido mis claves para lograrlo:
1. Convertí la escritura en un compromiso real, no en un pasatiempo.
Escribo con disciplina, como si tuviera un contrato conmigo misma. Tengo horarios, metas semanales, y una claridad: escribir no es un lujo, es una necesidad. Así lo siento y así lo hago.
2. Hice de mi rincón sagrado un templo creativo
En la finca en Llano de Grande encontré mi refugio. Allí, entre el murmullo de la cascada y el verde del campo, me reencuentro conmigo. Escribir se vuelve un ritual. Cada fin de semana me desconecto del ruido del mundo para conectarme con mis palabras.
3. Delegar también es escribir
Aprendí a soltar el control en mi empresa. Delegar no es abandonar, es confiar. Solo así pude abrir espacio mental para que las ideas literarias tuvieran lugar. Así que le entregue a mi hija casi en su totalidad la dirección del negocio.
4. Digo que no a lo que no me enriquece
Reducir compromisos innecesarios me ayudó a reconectarme con lo esencial: mi creatividad. No todo merece tiempo. Elegir a qué decir sí es un acto de amor propio.
5. Escribo en los huecos, en los márgenes, en los silencios
La inspiración no siempre llega en jornadas perfectas. A veces una gran frase nace en una nota de voz mientras voy en el carro, o en el iPad en la mesa de noche. No espero el momento ideal: Hago que suceda.
❤️ Una vida escrita en dos voces
Hoy me reconozco como una mujer de dos mundos: empresaria de día, escritora de noche. Durante el día la empresa necesita cifras, la escritora silencios. Ambas habitan en mí y se toman turnos para brillar. He aprendido que es posible escribir sin renunciar al mundo real. No hace falta huir de la vida: basta con detenerse, escuchar, y escribir desde ahí.
Porque escribir no es irse del mundo. Es aprender a mirarlo distinto.
Y tú, que me estás leyendo…
Si sientes que hay una historia dentro de ti, no la postergues más. Hazle espacio.
Escribe, aunque el mundo no pare. Aunque haya reuniones, pendientes y facturas.
Porque si hay algo que he aprendido, es que la única manera de escribir… es escribiendo.
Y solo el hábito, ese que se riega como una flor, hace al escritor.