Escribir no siempre es un acto glorioso. A veces es un susurro que se escapa entre el ruido del día, una lucha silenciosa con uno mismo, un intento constante por traducir lo invisible. No todo es inspiración, ni todo fluye con gracia. Pero aun en los días más áridos, hay algo que me empuja a volver a la página: la necesidad de decir lo que no sé cómo decir.
Confieso que he dudado. Que he borrado páginas enteras con dolor. Que he sentido que no tengo nada nuevo que aportar. Que me he comparado, que he tenido miedo, que he querido rendirme. Pero también confieso que cuando una frase cae en el lugar justo, se enciende una llama adentro que me recuerda por qué escribo.
Escribo para entenderme. Para sanar lo que aún me duele. Para decir lo que me callo. Para salvar momentos, emociones y personas del olvido. Escribo porque hay cosas que solo puedo sentir si las convierto en palabras.
Hay días en las que me siento poderosa frente al teclado, y otras en las que cada palabra parece un abismo. A veces escribo como si estuviera confesando un secreto. Otras, como si estuviera abriendo las ventanas de mi alma a quien quiera mirar. Escribir es desnudarme con elegancia.
Confieso que soy escritora incluso cuando no escribo. Porque el mundo me llega distinto: escucho conversaciones que otros no oyen, observo gestos que pasan desapercibidos, me conmueven detalles que a nadie más le importan. Vivo con una libreta invisible en el alma donde voy registrándoselo todo a mi paso.
Estas son mis confesiones: no de perfección, sino de verdad. Mi alma es como un algodón dulce que lo hacen girar y crece, pero lo empuñan y se desvanece. La escritura es mi refugio: en ella encuentro paz, tranquilidad y esparcimiento. Las horas pasan y no me doy cuenta porque estoy entregada a las palabras. Es un ritual que me sana por dentro y me hace más humana. Porque escribir no me hace inmune a la duda, pero sí me hace valiente frente a ella. Y mientras siga sintiendo esta urgencia de transformar lo vivido en palabras, seguiré escribiendo. Aunque a veces duela. Aunque a veces no sepa por dónde empezar. Porque en el fondo, escribir es la forma más honesta que tengo de estar viva.