El equilibrio entre el mundo del negocio y el mundo de las letras
Hay quienes viven una sola vida, y hay quienes aprenden a habitar varias al mismo tiempo.
Durante el día, mi mente está atenta a cifras, decisiones, estrategias, clientes, presupuestos y negociaciones. Llevo sobre los hombros la responsabilidad de una empresa, de un equipo, de una historia construida con esfuerzo durante más de dos décadas. En ese universo, todo tiene que funcionar con precisión, como un reloj bien afinado. Es el mundo del negocio: rápido, exigente, desafiante.
Pero cuando cae la noche, o llega el fin de semana, algo dentro de mí cambia. Los tacones se sueltan, el ruido se apaga y la piel se acomoda en su silencio. Es entonces cuando emerge la otra mujer que habita en mí: la escritora. Aquella que solo necesita tener a mano su computador y su alma. Aquella que se deja guiar por el susurro de las palabras, por la emoción de los personajes, por la intensidad de un recuerdo, por la necesidad profunda de contar. Porque escribir no es solo una vocación. Es también una forma de respirar, de sobrevivir, de comprender el mundo que me rodea —y, muchas veces, comprenderme a mí misma. Es como sacar a pasear el alma para limpiarla del polvo cotidiano.
Durante el día tengo que ser racional, firme, resolutiva. Durante la noche y los fines de semana, puedo ser vulnerable, libre, poética. Ambos mundos se complementan. La empresaria sostiene a la escritora, le da disciplina, estructura y visión. La escritora le da a la empresaria sensibilidad, intuición y profundidad. No compiten. Se enriquecen mutuamente.
He aprendido que no se trata de tener tiempo, sino de hacerle espacio a lo que te hace vibrar. A veces escribo después de largas jornadas, los fines de semana desde el templo sagrado de mi oficina en la finca, donde soy yo, sin nada que me distraiga o me coiba, otras veces escribo en la madrugada, cuando todos duermen. Porque cuando una se tiene una pasión, se encuentra la manera.
Conciliar ambos mundos no siempre es fácil. Requiere voluntad, paciencia y autoconocimiento. Pero cuando encuentras ese punto de equilibrio, cuando logras ser tú misma en todas tus facetas, descubres algo mágico: que no hay una sola versión de ti, sino muchas. Y todas son válidas. Todas son parte de tu historia.
Hoy celebro ambas. La mujer que dirige, la que se embarcó en una aventura hace veinte cinco años para crear su sueño de formar una agencia de medios llamada Logros Publicitarios y la mujer que escribe esa que se convierte en un actor sobre el escenario para dar vida a personajes de historias fantasticas. La que construye empresas y la que construye mundos de palabras. Porque en el fondo, ambas comparten una misma esencia: el deseo de transformar, de dejar huella, de vivir intensamente.